El valor de lo lúdico: ¡todos a jugar!

En estos días termina la primera Semana del Juguete en nuestro país, de la que se ocuparon los medios en estos días, y que está ligada al valor del juego en la infancia, tema fundamental en la crianza.

Los niños juegan desde hace muchos años, siempre lo hicieron, pero mucho más a partir de la era industrial cuando ya no tuvieron que ayudar tanto a sus padres en el campo o en las tareas de la casa. Jugando a solas, con sus padres, con juguetes, o con otros chicos, se divierten, aprenden, maduran, procesan temas complicados, descargan agresión o ansiedad, adquieren experiencia, interactúan entre ellos, también aprenden a esforzarse, a frustrarse, a esperar, a conocer y respetar reglas, etc. El juego es indispensable en sus vidas. Las experimentaciones demuestran incluso que jugar reduce el estrés.

Cuando me consultan padres de niños de jardín de infantes o primeros grados, una de mis primeras preguntas es: ¿a qué juega? Veo con preocupación que pocas veces la respuesta es "a juego de roles" (o de representación). Hablan de mucha pantalla y tecnología, y también de construcciones, rompecabezas, juegos afuera, deportes, pero rara vez sus hijos se interesan por representar situaciones de la vida diaria. Los chiquitos imitan a sus padres desde antes del año de edad: al principio es sólo una copia exacta pero luego, a partir de los dos años ya empiezan a identificarse con distintos personajes y roles y juegan (o podrían jugar) a la mamá, a la maestra, al doctor, a los policías, a los perritos, etc.

¿Qué está pasando actualmente?

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Por un lado, las pantallas son adictivas porque encienden un sistema de recompensas casi inmediato al que a los chicos les cuesta renunciar, y a nosotros también. Por otro lado los que hoy somos adultos no aprendimos a jugar de la mano de nuestros padres. Empezamos a jugar porque no teníamos mucho que hacer: había pocos programas los fines de semana, pocos canales de televisión y no había celulares ni tablets. Quizás sea por eso que a los padres no se les ocurre estimular el juego libre en sus hijos, nadie lo hizo con ellos y no se dan cuenta de que hoy es necesario incentivarlo porque si no los chicos no juegan, o no del modo en que lo hacíamos nosotros de chicos: hay mucha competencia tanto dentro como fuera de las pantallas. El juego propiamente dicho para los chicos, el juego libre, empieza en el bebé en los intercambios con sus padres en los ratitos en que estando despiertos no tienen hambre ni sueño. En la relación con otros chicos surge primero el juego paralelo (juntos pero cada uno en lo suyo) y más adelante el juego de cooperación. El juego de competencia es un estadío de juego más avanzado para el que están preparados a partir de los nueve años y que no conviene adelantar porque por falta de madurez los chiquitos se enojan mucho cuando pierden, les cuesta respetar las reglas, incluso hacen trampa o cambian las reglas.

Los padres me consultan por muy diversos temas y a menudo una de mis sugerencias es "jueguen": a la escondida con Juanito que no quiere separarse de mamá; a sentar a un muñeco en el inodoro con Tere, que quiere seguir usando pañales; a la maestra con Inés que llora cuando se queda en el jardín de infantes o con Pedro que no quiere hacer las cuentas en clase; al doctor con José que tiene que operarse de adenoides, etc.

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Si nuestro hijo no juega solo (ocurre a menudo con los primeros hijos) ayudémoslo a armar un juego y empecemos a retirarnos ratitos cortos cuando lo veamos entusiasmado, en unas cuantas experiencias de ese tipo va a ir armando su propia "valija" personal de recursos para jugar y no va necesitarnos para empezar a hacerlo, o cada vez menos.

No propongo que seamos esclavos de nuestros hijos sino que una vez por día con los más grandes, y varias con los más chiquitos, compartamos un rato de juego con ellos por el simple placer de jugar, para compartir los temas de interés de ellos, para pasar juntos tiempo de calidad, para que los chicos sientan que sus padres no sólo los quieren sino que quieren pasarla bien juntos, que no sólo los cuidan y los educan. Tenemos infinidad de juegos para enseñarles, y otros para aprender de ellos, podemos divertirnos muchos juntos.

Cuando los chicos saben que papá y mamá todos los días se acercan a jugar un rato pueden dejarlos ir sin problema. Si en cambio sólo rara vez nos sentamos a jugar, les va a costar mucho dejarnos ir porque no están seguros de cuándo volverá a repetirse esa magia.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/lifestyle/el-valor-lo-ludico-todos-jugar-nid2237784